Dormir en casa ajena es todo un tema
Leandro Puntin Leandro Puntin

Dormir en casa ajena es todo un tema

La cara se volvió más nítida a pesar de la oscuridad, como si absorbiera cualquier fuente de luz cercana; le brotaron unos labios ennegrecidos, parecían formados por sanguijuelas en lugar de músculos; de las comisuras sobresalieron dientes afilados, muy pequeños, en forma de anzuelos; también, centímetros más arriba, dos fosas nasales que se comprimían y descomprimían a paso rítmico.  

Más que una cara ahora parecía una máscara orgánica, viva.  

Y atrás de la máscara, pensó Cacho, tenía que haber una criatura que se conectaba con la pared. O que surgía de la pared. 

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